Durante dieciocho años, Elena Valdés vivió alejada de su padre, Ricardo, un empresario que había levantado una gran compañía familiar desde cero. La ruptura llegó cuando Elena se negó a abandonar al hombre que amaba para aceptar el matrimonio que su padre consideraba “conveniente”. Orgullosos los dos, dejaron de hablarse.
Elena formó una familia sencilla, tuvo una hija y trabajó como profesora. Ricardo siguió ampliando su fortuna. Ninguno de los dos sabía que las cartas que intentaron enviarse durante años nunca llegaron a su destino.